Siempre me gustará escribir.
Me encanta tener correspondencia con todos vosotros por emails, me encanta pasar horas leyendo vuestras vidas y contaros la mía en capítulos.
Se que en estos tiempos mis líneas pecan de profundidad y tienen pretensiones trascendentales. Pronto cambiarán pero cuando la vida se me acerca por la espalda y me susurra al oído palabras, versos o canciones, me veo obligada a escribir. Este sábado se acerco de nuevo para gritarme fuertemente al oído….SABES VOLAR??
Su día comenzó de noche, no hacia ni frió ni calor. Nada decía que las cosas fueran a salir fuera de la normalidad para ella. Se decidió de su ciudad y de su gente, solo por una semana sin saber que pudo haber sido por una vida.
Cuando uno se acostumbra a la normal rutina, se olvida que la vida esta en continuo movimiento aleatorio y jamás debemos resignarnos a que la vida sigue y seguirá, porque puede que de repente deje de hacerlo. Cada monotonía de aquel día no parecía mostrar nada especial frente a otro cualquiera de sus viajes de retorno. Pero ese día seria especial.
Intento disfrutar de su tiempo de espera hasta el despegue, siempre aprecio los aeropuertos como un lugar de choque de culturas donde abundan las historias que escuchar y vivir. Busco conversación con unas colombianas afincadas en holanda y unos asturianos de tour por Europa. La crisis, los precios, las diferencias culturales fueron los temas de conversación elegidos. Justo antes de embarcar conoció una mujer mitad alemana y española. Vivía en Dusseldorf y trabajaba curiosamente también con temas laser. Las dos compartimos nuestra emoción del regreso a España y pasamos mucho tiempo hablando del desarraigo, de las ventajas de cada país, del frió, política y incluso de amor.
Intente dormir un poco pero mi cabeza alemana no dejaba de escuchar conversaciones ajenas en otro idioma alarmantemente sencillo. A media hora del aterrizaje comenzaron las turbulencias. Al principio hace gracia y miras a tu alrededor riéndote y haces comentarios inapropiados como:
- Te imaginas que…., nooo mujer si este es el medio más seguro que existe.
Cuando las turbulencias te levantan medio metro del asiento y el avión se eleva cuando debería estar descendiendo, empiezas a dejar de hacer comentarios tontos y te agarras al fuertemente al asiento. La primera persona de todo el avión que empezó a vomitar fue la pobre chica que tenia sentada al lado. Las azafatas sentadas detrás mío, al principio se negaron a recoger la bolsa con su vomito. Cuando la petición a gritos de bolsas se empezó a generalizarse por todo el avión las pijazas de las azafatas se resignaron a su recogida. Pasaban 30 minutos de la hora planeada para el aterrizaje y seguíamos dando vueltas por el cielo mientras las turbulencias cada vez asustaban más. Casualidades de la vida la mujer con la que había estado conversando hace rato trabajó durante 2 años de azafata de aviones y para mi tranquilidad entre sacudida y sacudida me comentó que no había vivido algo así en su vida. Empiezas a sentir miedo, se te pasan mil cosas por la cabeza y lloras. De repente veo que la mujer esta escribiendo en su movil, y la pregunté:
- Que haces??
- Me acabo de despedir de mi familia.- dijo ella. (había cobertura pues volábamos a baja altura)
Yo también comencé a escribir dos líneas pero finalmente no me pareció buena idea, mis padres se pondrían muy nerviosos y si llegaba mi momento la gente importante en mi vida sabía todo lo que tenían que saber.
De repente el avión comenzó a descender para aterrizar. Mi compañera, la exazafata dijo:
- Este es el momento importante, si no hay turbulencias al aterrizar podremos vivir de nuevo y besar el suelo como el papa.
Tocamos suelo tras rebotar fuertemente varias veces y llegue sana y salva a España.
La gente estaba nerviosa muchos gritaron y los pocos aplaudieron.
Una vez en contacto con la tierra…dije a mi alrededor:
- Bueno y ahora toca vivir.
Al finalizar la aventura y cuando el avión entero se desalojo, la exazafata se dirigió indignadísima a hablar con el piloto por no haber tranquilizado a la tripulación. El piloto dijo que no era su culpa sino del tiempo y la mujer mantenía que su deber también era tranquilizar a la tripulación. Cuando la intensa discusión duraba ya más de 15 minutos decidí irme, y comenzar a disfrutar de nuevo de mi vida.
Quizás haga falta tener 1 o 2 sustos en un año para replantearte que no somos nada ni nada nos garantiza que siempre podamos ser algo.
Llevaba 3 meses sin volver a España. Sin recordar lo que tiene nuestro país de maravilloso…pese a la crisis. Hay que pasarme 3 meses rodeada de nieve y frío para volver y gritar al viento….ole mi España!
Llegue y tras dos horas de sueño me sumergí en la bien amada fiesta española. Muchas veces en Alemania los alemanes se te acercaba y te dicen: – En España si que se sabe hacer fiesta.- Y yo me preguntaba si realmente era para tanto.
Pues si…!! Donde está en Alemania, la sensualidad de la noche, los bailes locos imposibles, las miradas, los olores y el bacile.
Este fin de semana deje de lado mi traje de moderna y sin ningún complejo, disfrute cada nota musical cantada en español. Disfruté cada abrazo de alguien querido. Cada muestra de cariño no contenida es mágica viniendo de lejos.
Después degustas una ración de buenas rabas y genial compañía, unos bocartes del cantábrico y rozas el orgasmo. Tras echarme una siesta viendo el mar, te cuestionas si el hombre seria capaz de ver el paraíso aunque viviese en él. Y si nos hace falta perder las cosas para saber lo que teníamos en nuestras vidas?
Y ahora acabo de recibir un notición que tendré que esperar para darlo a conocer…uohh!!
